—¡Demetrius Vicent! ¡¿Qué haces?! —exclamó Alana al sentir esa fuerte mano deteniéndola.
—¡He dicho que pares! No lastimarás a Marina.
Alana lo miró incrédula, luego miró a la mujer con odio.
—¡¿Qué es esto?!
—Debo irme, Alana, lamento mucho molestarte.
—¡Fuera de esta casa, mujerzuela!
—¡Basta, madre! ¡No más! —sentenció Demetrius
Marina tomó su cartera, salió tan rápido como pudo de ahí.
Alana por fin se liberó del agarre, miró a Demetrius con ojos severos.
—¡¿Qué demonios es esto?! ¿Qué hacía