Leonor empujó su cuerpo, alejándose de su alcance, Albert apenas sintió que se le escapaba, también sintió que ya le hacía falta de nuevo.
—¿Qué cree que hace? ¿Quiere convertirme de nuevo en su amante? ¡Váyase al infierno! Ahora fuera de mi casa, o juro que lo pagará.
Los ojos de Albert la miraron con tristeza.
—Piensa lo que haces, Leonor, si estás embarazada, no puedes dejar a tu hijo sin su verdadera madre.
Él dio la vuelta y ella corrió a cerrar la puerta, puso llave, se sentó al lado d