Rose entró al cuarto de baño, Marina tomó una toalla y limpió su rostro, se alegró de no haber llorado lo suficiente para que su rostro enrojeciera, fingió estarse refrescando.
—¿Así que ya encontraste a un magnate para seducir? Me alegro, olvídate de Demetrius, nunca tendrás a un billonario como él, ¡Él es mío! Ya lo viste con tus propios ojos, me tomó solo un segundo hacer que vuelva a mí.
Marina se miraba al espejo, pero su gesto se volvió colérico.
—¿Y por qué me lo adviertes, mujer? Está