Victoria dio un traspié, alejándose de su alcance.
—¿Cuándo ibas a decirme esta verdad? ¿acaso no merecía saberlo? No solo por el hecho de que decidiste sobre mi vida, si no por el hecho de que soy tu esposa, se supone que debías confiar en mí, se supone que debo saber todo de ti, lo bueno, lo malo, pero simplemente me ignoraste, ¿soy algo para ti? ¿o solo la niñera de tus hijas? ¿Una madre de reemplazo?
—¡No! —exclamó desesperado—. ¡Eres la mujer que amo! Más que eso, eres mi todo. Perdóname.