—¿Cuánto va a durar la reunión? —Araceli insistió.
—Eso... no lo sé con certeza —respondió la recepcionista.
—Es una reunión importante, no puedo intervenir. Y tampoco es que tenga una hora fija para terminar. Si usted conoce al presidente, tal vez sería mejor que lo llame antes y así confirmar que esté disponible.
—Entonces subiré a esperarlo —dijo Araceli, girando hacia el ascensor.
La recepcionista estiró el brazo por encima del mostrador para detenerla.
—Disculpe, señorita, pero si no tiene