Roger se acercó y miró.—Eh, ¿ese de ahí no es Luca? ¡Hermano... no me digas que es verdad!
¡Ya no solo te robas la esposa a otro, también te pones a recortar fotos a escondidas! ¡¿Qué sigue, pegarlas en la pared y hacer muñecos, o tirarle dardos?!
Las fotos venían de revistas de chismes, y Roger pensó: No puede ser... ¿se volvió loco?
Lo miró con cara de pesar, intentando hacerlo entrar en razón.
En silencio, Giovanni se sentó y se rio.
—¿Todavía quieres tu carro?
Roger agarró una foto sin decir