Caminé durante algunas horas con Dillon por la tarde y volví a casa como de costumbre sin pronunciar una sola palabra con él.
Frunciendo los labios, pensé en comer algo. Mi estómago gruñó hambriento y di largas zancadas hacia la cocina con la esperanza de comer algo.
Al acercarme a la cocina, oí unos ruidos procedentes de algún lugar. Frunciendo las cejas, seguí los sonidos y llegué a la parte trasera de la casa.
Estaba a punto de abrir la puerta pero me detuve cuando alguien me llamó.
—¿Luna?.