Elion Moore.
No dejé de correr.
Ni siquiera cuando mi cuerpo amenazaba con colapsar por el agotamiento extremo.
Ni cuando ramas y ramitas afiladas me perforaban la piel, dejando profundas heridas que hacían que mi sangre brotara, manchando la tierra.
Ni siquiera cuando mis dedos de los pies se atascaban contra grandes tocones de árboles muertos y rocas esparcidas por todas partes.
Me ardían los pies con cada paso rápido.
Me dolían las articulaciones con cada movimiento.
Pero no me detuve.
No po