Mundo ficciónIniciar sesiónFREYA
Sus dedos rozaron los míos, más no alcancé a atraparlo. La ventisca hizo de las suyas, se lo llevó como peso muerto. Al sentir su furia, enterré la espada hasta donde más pude para afianzarme a ella, en el momento que busqué la manera de tenerlo a mi lado, fue demasiado tarde. Vi cómo poco a poco su cuervo rebotaba entre los árboles, cómo luchaba hasta que el lago lo engulló. El frenético viento no cesa, de hecho, se torna más iracundo. Aprieto el







