Con las baterías recargadas y con la nostalgia en el corazón, Sylvie va rumbo a la viña de su familia junto a Ilhan y Coraline. Él va al volante, esta vez en un auto más grande y cómodo, la cara de Sylvie va iluminada por el sol del amanecer y una sonrisa que dice cuánto disfruta ir a ese lugar.
Ilhan de vez en cuando le dirige una mirada y sonríe, porque cada vez más se le esfuma de la cabeza aquella chica complicada que le lanzó el postre encima.
—Nos estarán esperando con un desayuno delicio