—No nos da buena imagen —dijo una de las integrantes del cuerpo directivo del hospital, una que fue amante de Bruno hacía algún tiempo.
—¿Y a mí eso qué me debe de importar? —respondió Alejandro —es buena empleada, ¿cierto Antonio?
—Lo es —respondió seguro.
—Bien, dicho eso, no habrá despido, ¿entendido? No mientras yo no lo acepte.
Alejandro era el jefe, era quien mandaba, así que había que obedecer su mandato.
Enojado, Alejandro salió de la oficina junto con Antonio, no sabía por cuanto tiempo