El auto se adentró en una zona poco transitada, deteniéndose frente a un viejo cuartel donde se llevaban a cabo todo tipo de atrocidades. El olor a moho en el interior lo hizo asquearse, sus finos zapatos ensuciándose con la mugre del suelo. Un hombre regordete salió a recibirlo, se decían muchas cosas del hombre que sonrió mostrando sus dientes amarillos a causa del cigarro, una de ellas que era la escoria de Atenas. Un distribuidor de sustancias ilícitas, acusado de trata de blancas y por se