Calista
Dejé caer mi cabeza sobre su pecho desnudo, cerrando mis ojos y soltando un suspiro cuando su brazo se posó sobre mi espalda baja. Los momentos después de la intimidad se sentían tan bien a su lado, sabiendo que ninguno de los dos se marcharía y que realmente éramos una pareja estable.
Mi estómago gruñó provocando una enorme vergüenza, sentí como mis mejillas se calentaron al oír su risa y su pecho vibrar.
—Bajemos, traje comida de camino a casa —dijo apartando su mano de mi cuerpo p