Calista
Volví con la abuela y las demás, quienes permanecían curiosas por saber lo ocurrido con Aetos. Me senté a un lado de ellas con mi cabeza en otro lado, pensando en lo que le afectaría esta situación y en lo estresado que se mantendría tratando de resolverlo todo.
Dejé de oír a la abuela, esto le produjo malestar y llamó mi atención.
—¿Te ofendió, no es así? —se molestó haciendo referencia a mi esposo.
—No, no es lo que estás pensando.
—No trates de mentirme, sus gritos eran de enojo