Aetos
Sentir su suave piel bajo mi tacto me enloquecía, me hacía querer tenerla así siempre, con su respiración agitada, su cabeza ligeramente hacia atrás y su boca entreabierta gimiendo mi nombre, pidiendo por más. Sus piernas abiertas para mi, degustando su sabor y conociendo cada parte de su cuerpo.
Su bello cuerpo a mi merced me hacían preguntarme «¿donde estuvo todo este tiempo?» ella era hermosa y seductora, una diosa en la cama que me tenía más que complacido. Sabía moverse bien sobre