Calista
Depositó un beso en mi boca en cuanto me tuvo cerca, me preguntó cómo estaba y si necesitaba ir a descansar.
—Anoche no dormiste mucho, Calista —arrugó su entrecejo reparando en mi rostro.
—No importa, no quiero apartarme de su lado.
Madre se acercó y juzgando por su gesto logró escuchar lo que dije.
—Tu abuela está bien, tu padre, tu tía y yo nos quedaremos aquí. Tú muchacha te vas a ir a comer y a dormir, si pasa algo te avisaré —me señaló un poco molesta, cuando miró a mi esposo