Calista
—No te duermas, Calista.
—¡Déjala! —se metió madre enojada —no quiero que la molestes, la niña tiene demasiadas cosas encima para que la estés presionando tanto. En unas horas será la fiesta de compromiso y ella tendrá las ojeras más grandes que todo este avión.
—No te metas, Agatha.
Los ignoré y no abrí mis ojos, me dejé vencer por el sueño cayendo en la oscuridad de la inconsciencia. Al final no supe si me dormí o me desmayé, quizás fue lo último porque él fuerte olor del alcohol m