Hardin Holloway
Mi alma esperaba por ella. Estaba sentado en una silla incómoda y no conseguía sentir absolutamente nada más que mi conciencia, implorando por solo una noche más. Solo para que volviera a mí. Para que se quedara conmigo. Para que no me despreciara. Pero los sonidos de aquella ecografía estaban quitando la concentración de mi cabeza. Quería volver dentro de mi cerebro, solo para no tener que aceptar la realidad de lo que estaba sucediendo fuera de ese hospital.
Maila se revolvió