Hardin
Mis ojos jamás serían capaces de expresar lo mucho que estaba desesperado por dentro. Mi cuerpo parecía una prisión. Un infierno. Sentía ganas de arrancarme la piel y correr. Correr muy lejos. Lo más distante que pudiera. Miré a aquella médica sin creer lo que hablaba. Las palabras parecían confusas y locas.
—¿Qué ha dicho? ¿Mi mujer está embarazada?
Con torpeza, se ajustó las gafas que se le resbalaban por la nariz. Me encaró con pesar, y supe que las noticias no eran buenas. —Oh, veo q