Sorprendida, y ligeramente asustada, por la repentina agresividad e ira que se dirigían hacia ella, Helena se apartó un paso de la puerta. Henry lo tomó como una invitación a entrar, aunque mantuvo la mirada fija en ella. Ella aún estaba procesando su presencia mientras cerraba la puerta cuando él se cruzó de brazos y su ceño se frunció aún más. Mirándolo, una parte de ella deseó que él estuviera sonriendo como lo había hecho cuando ella había bajado anoche-.
Espera, ¡ella había bajado anoche!