Fátima concertó una cita con Daniel un día después de la discusión con sus amigas. Él no estaba muy entusiasmado, pero Fátima lo convenció y aceptó.
Ajeno al hecho de que Mateo se uniría a ellos, Daniel entró en la casa luciendo como el bastardo engreído que era. Su sonrisa apareció en su sitio cuando vio a Fátima sentada con un vaso de agua en la mano. Se detuvo, se metió las manos en los bolsillos y dejó que sus ojos recorrieran los confines de la habitación. Cuando por fin devolvió la mirada