La habitación estaba casi en penumbra cuando Eric cerró la puerta con cuidado. Era pequeña, demasiado pequeña para él, que se movía inquieto como si no hubiera espacio suficiente para contener la tensión que llevaba en el cuerpo desde que Amanda cayó en sus brazos sangrando.
Caminaba de un lado a otro, respirando de forma irregular, dispuesto a arrancarse el corazón si eso la mantenía con vida. Cada vez que miraba la cama, volvía a empezar el recorrido, incapaz de quedarse quieto. Era como ver