Emma, profundamente dormida en su cuna, con los brazos recogidos contra el pecho y la boca entreabierta, como si el cuerpo aún no hubiera aprendido a sostener el descanso sin entregarse por completo. Leah, en cambio, estaba despierta y pegada al pecho de su madre, aferrada con una determinación que todavía sorprendía a Eric cada vez que la veía succionar con esa fuerza torpe y urgente que parecía incompatible con un cuerpo tan pequeño.
Amanda tenía el rostro ligeramente contraído. No se quejaba