Kyra se acercó a la puerta de Sindy con la cadencia rítmica de su corazón golpeando una curiosa melodía contra su caja torácica. Una tierna brisa, convocada por el júbilo del bebé Darius, jugaba con los mechones sueltos de su largo y oscuro cabello. Ella lo acunó cerca, sus ojos color zafiro reflejaban los suyos mientras parpadeaban con la picardía de las tormentas indómitas.
—¿Vamos a ver qué está haciendo la tía Sindy? —susurró, haciéndole cosquillas en la barbilla a Darius, quien respondió c