—Daniel miró al extraño con el escepticismo grabado en sus rasgos ásperos—. ¿Dices que eres mi hermano?— preguntó, en voz baja y cautelosa.
El hombre que se hacía llamar Nicolli asintió con entusiasmo, con sus ojos azules encendidos. —Medio hermano, sí. Compartimos el mismo padre.
Daniel se tensó ante la mención del nombre de su padre. Siempre o considero un hombre ejemplar, no solo como líder de la manada, sino también con su madre. Una furia helada lamió sus venas.
—Nuestro padre conoció a m