El sol se puso, pintando el bosque con un rico tapiz de dorados y rojizos mientras Kyra White observaba a su esposo Daniel acunar a su hijo Darius contra su amplio pecho. La luz del atardecer se reflejó en los rizos de gasa de Darius, dando la ilusión de que estaba aprovechando la puesta de sol misma.
Se sentaron sobre las antiguas raíces de un roble, el corazón de su territorio, donde los susurros de los ancestros de la manada parecían susurrar entre las hojas.
—Kyra. —comenzó Daniel, su voz