El sol se había puesto hacía mucho, pero el corazón de la manada Storm todavía ardía de vida y risas. Los formidables hombres lobo, ahora despojados de su poder primitivo por la maldición de Marcus, habían aprendido a prosperar de nuevas maneras. Su resistencia fue tan inquebrantable como el denso bosque que rodeaba su enclave. Bajo un dosel de estrellas, se reunieron alrededor de fogatas crepitantes, compartiendo historias y habilidades que no tenían nada que ver con colmillos o pelaje.
—Mira,