DAMIÁN ASHFORD
Por fin me habían dado de alta y la necesidad de hablar con Andy antes de dejar el hospital me carcomía el alma. Con cada segundo que pasaba, la ansiedad aumentaba. Quería llevarme a los niños y a ella de regreso a casa, a Estados Unidos, donde realmente pertenecíamos, pero aquí tenían su vida, sería una conversación difícil. ¿Podría ser yo quien se quedara? ¿Podrá iniciar de cero con ella aquí, en Francia? Sin embargo, cuando llegué a la habitación de León, ella no estaba allí.