En una guerra de miradas, donde ambos están dispuestos a ganar, los dos mantienen la postura firme y en una posición que, más allá de mostrar incomodidad por una pelea sin sentido, denota deseo en todo su esplendor.
Después de unos minutos de mucha tensión, ella lo empuja, pero no logra ni moverlo.
—Permiso... —musita nerviosa.
Riú no responde, en su lugar, se acerca más a ella y la aprieta contra la pared.
Alexa siente una ira desbordante, ya que se está cansando del juego de parte del mestizo