Clarice mira a Otsana con ojos cristalizados y, sin poder retenerse más, se le lanza encima en un abrazo cálido.
—Te voy a extrañar mucho —solloza aferrada a ella—. ¿Tienen que irse tan rápido?
Riú hace un pequeño gruñido y se cruza de brazos.
—Por supuesto que tienen que irse, ya que me siento asfixiado en mi propia casa; agradecería también, que Arel y tú hicieran lo mismo —responde el mestizo con voz tosca.
—Pues tendrás que soportarnos unos días más, imbécil —le contesta Arel—. No he tenido