Otsana llena una canasta con comida deliciosa de la que se sirve en la mansión mientras tararea con alegría. Se siente satisfecha cuando ya no cabe más nada en el recipiente, al que cubre con una manta azul celeste.
—Me encantaría poder llevarte todo lo que he probado en este lugar, pero es imposible. Aun así, me alegra mucho que vayas a disfrutar por lo menos una parte de la comida deliciosa que se sirve aquí —dice entusiasmada.
Escoltada por dos guardias, Otsana se dirige hacia la parte rural