Adrian Volkov
Cinco días.
Cinco malditos días en donde Valentina no me dirigía ni la mirada.
Tras su confesión hace unas noches atrás, a la mañana siguiente apenas abrió sus bonitos ojos color avellana, ni siquiera me dirigió la mirada y me brindó de su total indiferencia.
Pero cada noche, ella se acurrucaba contra mi sin siquiera verme, permitiendome por un momento del día poder disfrutar de ella, aunque sea en medio de silencios fríos y con secretos pesados entre nosotros.
La miro a travé