Me sentía feliz. Afortunadamente, se me había pasado las ganas de vomitar y el susto que tuve con los paparazis, ya era parte del olvido.
Ahora, estaba experimentando una tranquilidad y felicidad por saber que, al fin, había escogido un hombre que amara a los niños, tanto como yo. Era algo que me daba seguridad. Porque me ayudaba a pensar que no quería al bebé solamente por tener un heredero y ya.
— Creo que ya es momento en que cada uno vaya a su trabajo — murmuro después que ha pasado una hor