Capítulo 122

Alfonso estaba en su oficina. La luz de la mañana entraba por la ventana, pero él no la veía. Sus dedos giraban una pluma entre los dedos, la dejaban caer sobre el escritorio, la volvían a levantar.

El movimiento era mecánico, inconsciente.

No estaba de mal humor. Alfonso Montoya no se permitía estar de mal humor en su lugar de trabajo. Pero la mandíbula se le tensaba cada vez que recordaba la noche anterior. Los dedos se le crispaban al pensar en la imagen de Paty junto a esos tipos sin camisa
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