El tono de llamada era el mismo —Girls Just Want To Have Fun—, pero el nombre parpadeando en la pantalla ya no me daba miedo. Me provocaba algo mucho más complicado. Lástima.
Habían pasado tres días desde la cena del infierno. Tres días desde que Marcus se fue. Tres días desde que mi madre dejó de contestarle las llamadas a Sienna y empezó a contestarle a la prensa, inventando una historia sobre "una separación de mutuo acuerdo por caminos de vida diferentes".
Estaba sentada en el sofá del pent