Sienna me esperaba en mi apartamento. Debí quitarle esa copia de la llave hace cinco años.
Entré exhausta. El estrés de la prueba de paternidad y de la confrontación con Noah me había drenado. Solo quería dormir. Pero mi sala estaba a media luz, sonaba música de jazz y Sienna estaba sentada en mi sofá beige como una reina, con una blusa de seda y dos copas de vino tinto sobre la mesa.
—¿Sienna? —dejé las llaves, el sonido resonó en el silencio—. ¿Qué haces aquí?
Sonrió con esa expresión de plás