Salgo de la oficina y noto cómo todos se ponen de pie, pero rápidamente fingen volver a sus asuntos.
—Liliana, ven conmigo —ordeno.
Ella se levanta, toma su cartera y sale sin hacer preguntas.
Nos subimos al coche y le pido al chofer que nos lleve a un restaurante.
Una vez sentados, voy directo al punto.
—Supongo que sabes por qué estamos aquí.—
—Sí.—
—¿Por qué Georgina no me lo contó? Yo no sabía absolutamente nada. ¿Crees que, si lo hubiera sabido, Dayanara seguiría a mi alrededor?
—E