—Mi amor, ¿ya te enteraste de lo que se dice? —me cuestiona Gianluca, cuando me acerco a su escritorio para que Marcello firme unos documentos.
—No, ¿qué cosa? Estos documentos son muy importantes, así que por favor en cuanto mi hermoso Marcello regrese, pídele que los firme.
—Descuida, yo se los entrego —toma los documentos y después de acomodarlos en su escritorio, me lanza una mirada apenada.
—¿Qué sucede? ¿Por qué haces esa cara? ¡Dios! ¿Le sucedió algo a Aaron? —inquiero asustada.
—¡No!