Alexandros
Camino de un lado al otro y observo furioso mi móvil, mientras intento comunicarme con mi asistente, sin embargo, igual que las anteriores siete llamadas, esa mujer del demonio decide ignorarme.
Salgo de mi oficina y cuando estoy por bajar al subterráneo para pedirle a Paolo que busquemos a mi asistente en su departamento, las puertas metálicas se abren dejando al descubierto a mi dolor de cabeza en persona.
Descargo mi furia para con ella y después regreso a mi oficina, cerrando