Las semanas pasan y cuando debemos de reunirnos con una posible clienta, a mi asistente se le ocurrió la grandiosa idea de acudir a una cita con su doctor, observo la hora en mi móvil y lanzo un resoplido de desdén.
—¿No pudo pedir otro día para su cita, tenía que ser precisamente hoy? —siseo furioso.
—De un tiempo para acá estás más odioso que de costumbre —se queja Marcello.
—¡Marcello!
—Nada de Marcello, mira que yo soy muy paciente, pero te lo juro que no te soporto. Deja tranquila a esa