Gianluca y yo nos ponemos de pie y salimos de su consultorio, mucho más aliviados de cuando entramos.
—Te dije que el renacuajo estaría bien.
—Y tenías razón —concuerdo con él.
—¿A dónde te llevo? —me cuestiona en cuanto abandonamos el hospital y subimos al auto.
—A La Ragazza Divina, mi jefe y Marcello me están esperando ahí —murmuro cuando observo el mensaje de mi jefe.
—¿Por qué ahí?
—¿Recuerdas a Angela Carter, la dueña de la empresa de lencería Tentazione Segreta? —mi amigo asiente sin apa