Observo mi reloj y dado que no voy tan tarde decido ir por una malteada de fresa que se me antojo de la fuente de sodas que se encuentra a unos cuantos pasos de aquí. Después de casi diez minutos regreso corriendo al edificio y solo alcanzo a darle unos cuantos tragos cuando un fuerte mareo me hace trastabillar hasta casi caerme, solo que unos fuertes brazos me sostienen antes de besar el piso.
—¿Señorita Reyyan? —escucho una voz a lo lejos y al sentirme segura con esa persona desconocida permi