XXXIX

—Si alguien lo lanzó por lógica tiene que ser una persona que habita allí.— Agregó Ariadne, apretando sus labios, —¡Es un horror! Antonio no se merece nada de lo que te está pasando.

—Me gustaría acompañarte. Pero tengo que quedarme acá a cuidad a mi hija.— Clarisse la abrazo y le beso la frente, —Cualquier cosa me llamas. No dudes que si necesitas de mí, acá estoy.

—Gracias. Aprecio mucho la amistad que me estás brindando.

—Yo sé perfectamente lo que se siente estar en tus zapatos. Es desespe
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