Sin soltar mi mano ni un solo segundo, Ale recorre todo el lugar asegurándose que todo está en orden y, a cada ratitos, me besa el dorso de mi mano ¿Acaso se puede ser más romántico que esto?
Finalmente, terminamos en su oficina. Se queda mirando por unos segundos la pila de papeles que se le han acumulado encima de su escritorio, debido a los días que estuvo fuera, pero, luego, hace caso omiso y dirige toda su atención hacia mí.
- ¿Ana? –me dice mientras se sienta en el borde de su escritorio