- ¡Ana, estás aquí! –me dice ella pareciendo realmente alegre de verme
- Martha, bienvenida a casa
Le digo justo en el momento en el que estira sus brazos hacia mí dándome un abrazo aunque, no es uno fuerte, es un abrazo un poco indeciso, como si no estuviese muy segura de dármelo.
La entiendo perfectamente, nuestra relación nunca fue la mejor que digamos. Al menos de mi parte, siempre sentí que había una competencia entre nosotras.
Nuestro padre y su mujer, también contribuyeron mucho a eso