Abrí los ojos muy lentamente, sintiendo de golpe el peso muerto del libro de pediatría clínica sobre mi regazo y un entumecimiento sumamente fastidioso en la zona del cuello. La inmensa biblioteca de la mansión se encontraba en una densa penumbra, iluminada únicamente por el resplandor ámbar y cálido de una lámpara de pie cercana. Sin embargo, lo que realmente me espabiló de golpe en mitad de la noche no fue el frío característico de la madrugada, sino la inequívoca e intensa sensación de estar