La noche en Miami era cálida, húmeda, con un viento que movía las palmeras y traía el olor a sal desde el mar. Max estaba en su apartamento, con la vista de la ciudad extendiéndose bajo sus pies. El escritorio estaba lleno de papeles, carpetas, documentos que había estado revisando desde la tarde. Algo no le cuadraba. Los números no cerraban. Las ventas de la última semana habían bajado sin explicación aparente, y los informes que le había enviado el equipo de contabilidad tenían errores que no