Damián negó con la cabeza. Su voz sonaba ronca y áspera.
—No. Es como si se la hubiera tragado la tierra.
Bruno guardó silencio un momento y se apoyó contra la puerta del auto, de pie junto a Damián. Ninguno de los dos dijo nada. Solo se oía el murmullo constante del río, cuyo caudal fluía sin prisa.
—Damián, hay algo que quiero contarte —dijo Bruno de repente. Su voz era tranquila, pero tenía una seriedad difícil de explicar.
—¿Qué?
—¿Recuerdas la noche en que murió Nube, cuando Valentina cayó