Damián se quedó paralizado, con las lágrimas prendidas de las pestañas, sin llegar a caer.
—A ver. —Bruno lo miró a los ojos y habló despacio, pronunciando cada palabra con cuidado—. Dices que es aburrida, pero cuando practicaba piano hasta que le salían callos en los dedos, ¿acaso no la observabas a escondidas? Dices que es demasiado rígida, pero cuando intentaba decirte qué hacer, ¿no te sentías secretamente complacido? Dices que la detestas, pero en estos siete años que lleva siguiéndote, ¿al