Serafín no se había ido.
Cuanto más se resistía Mariana, menos dispuesto estaba Walter a dejarla bajar.
—Quédate sentada—le advirtió con frialdad, y luego pisó el acelerador a fondo.
El deportivo se fue sin dejar rastro, como desafiando a Serafín.
Molesta, Mariana no tuvo más remedio que enviar un mensaje de disculpa a Serafín.
Pero Serafín respondió cortésmente:
—No hay problema, fui yo quien llegó tarde.
Ante esta situación, Mariana se sintió aún más apenada.
Serafín realmente tenía un te